La app se vende en su página web con el lema Put email in its place (Poniendo el e-mail en su lugar). Solo con esto ya parece que va a revolucionar totalmente la lectura del correo electrónico, pero había algo más que la hacía especial. Una vez descargada no permitía usarla directamente, sino que comenzaba una cuenta atrás. Esto, según la propia compañía, respondía a la masiva solicitud de descargas: "La demanda ha sido increíble y para poder dar una buena experiencia estamos funcionando con un sistema de reservas", explican en su página web.
A partir de ahí comenzaba una interminable cuenta atrás desde... ¡¡¡700.000 personas!!!! que se venía reflejada en la pantalla de mi móvil. Mis ganas de probar la aplicación y descubrir la revolución que significaba para mi correo electrónico y para mi vida crecían a medida que la cuenta atrás bajaba poco a poco.
Una semana fue el tiempo que tuve que estar mirando la pantalla de mi móvil mientras la cifra decrecía de una forma que parecía ser eterna. Cuando tan solo quedaban 5.000 por delante de mi, me sentí un privilegiado. ¡Estaba a punto de probar algo único y por detrás de mi quedaban todavía 400.000 personas que iban a tardar más que yo en entrar en la élite!
Al final, la cuenta atrás terminó, y Mailbox se abrió ante mis ojos como un nuevo cliente de correo electrónico que prometía revolucionar mi vida entera. Ahí es cuando entra en juego el título de mi post: prometía demasiado y al final se queda en una aplicación más.
Mailbox ha terminado donde terminan las aplicaciones que no uso: borrada. Solamente ha servido para entretenerme durante una semana mirando en la pantalla una inútil cuenta atrás.

