Hyundai la ha liado con su nuevo spot. Y muy gorda. La marca de automóviles coreana se ha paseado por la delgada línea que separa la creatividad del buen gusto... y se ha caído con todo el equipo. En el anuncio, un hombre realiza un intento de suicidio en su coche. Con mucha calma, coloca una manguera desde el tubo de escape hasta la ventanilla y se introduce con resignación dentro del vehículo. Tras un tiempo, decide abandonar el intento, puesto que su coche es un Hyundai 0 emisiones aplaudiendo así sus bondades de éste con el medio ambiente.
El spot juguetea con lo políticamente incorrecto, y al poco tiempo de su estreno pasó lo que tenía que pasar: una bloguera del Reino Unido publicó una carta abierta a Hyundai y su empresa de publicidad Innocean, en la que relataba la historia de su padre, que desgraciadamente se había suicidado, años atrás, en las mismas circunstancias que narraba el spot.
La multinacional se ha apresurado a retirar el anuncio y pedir disculpas. Ahora la pregunta es: ¿Qué se le pasaba por la cabeza al director creativo al proponer la idea? ¿Qué pensaba el director de marketing quien, tras ver el resultado del rodaje, seguramente tan solo pidiera que le hicieran el logo al final un poco más grande? ¿Es que no hay nadie en la empresa que haya pensado en los posibles resultados a corto/medio plazo? ¿O es que realmente lo han hecho y han llegado a la conclusión de que así harían más ruido?
Creo que a veces, se nos está yendo un poco de las manos y no pensamos en las consecuencias. La bloguera jamás se comprará un Hyundai, pero quizá el resto de la gente si lo haga...
Internet parece no tener límites. Cada día conocemos una nueva red social, un nuevo gadget, o una nueva forma de comunicarse. Este blog habla de todo esto... y mucho más.
martes, 30 de abril de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Y ahora van y nos dicen que el 'Harlem Shake' ha muerto
Es increíble. Jamás lo entenderé. Te pasas horas y horas de tu tiempo personal y laboral pensando en nuevas formas de comunicar, de intentar que los medios se hagan eco de tu noticia, de tratar de aparecer en los periódicos, aunque sea en un pequeño rincón y sin foto... Para luego encontrarse que una tontería tan grande como el Harlem Shake cierre los informativos de medio mundo.
Generalmente, el primero en hacer algo suele ser el que se lleva todos los méritos. Todo el resto de imitaciones no son más que eso: imitaciones. Sin embargo, en el caso de este baile sin sentido ha sido al contrario: marcas tan creativas como Red Bull o el propio Google han sacado sus propias versiones y la semana pasada, tres meses después del lanzamiento del vídeo original, todavía se podía ver como noticia en las ediciones con más audiencia de la televisión española la creación de una nueva versión por parte de algún grupo que llegaba con un poco de retraso.
Ahora nos venden que el Harlem Shake ha muerto. Ya no es molón. Ahora lo que se lleva es el Hadouken: una nueva moda, llegada de Japón, que consiste en mostrar imágenes con el famoso golpe realizado por Ken y Riu en el videojuego Street Fighter. Y yo me pregunto... ¿Quién es el que decide si una cosa empieza a ser molona o deja de serlo?
El nuevo meme está lanzado. Ahora la cuestión ya no es si triunfará o no. La cuestión ahora es quién será el siguiente en copiarlo.
Generalmente, el primero en hacer algo suele ser el que se lleva todos los méritos. Todo el resto de imitaciones no son más que eso: imitaciones. Sin embargo, en el caso de este baile sin sentido ha sido al contrario: marcas tan creativas como Red Bull o el propio Google han sacado sus propias versiones y la semana pasada, tres meses después del lanzamiento del vídeo original, todavía se podía ver como noticia en las ediciones con más audiencia de la televisión española la creación de una nueva versión por parte de algún grupo que llegaba con un poco de retraso.
Ahora nos venden que el Harlem Shake ha muerto. Ya no es molón. Ahora lo que se lleva es el Hadouken: una nueva moda, llegada de Japón, que consiste en mostrar imágenes con el famoso golpe realizado por Ken y Riu en el videojuego Street Fighter. Y yo me pregunto... ¿Quién es el que decide si una cosa empieza a ser molona o deja de serlo?
El nuevo meme está lanzado. Ahora la cuestión ya no es si triunfará o no. La cuestión ahora es quién será el siguiente en copiarlo.
lunes, 18 de febrero de 2013
Overpromising*
La app se vende en su página web con el lema Put email in its place (Poniendo el e-mail en su lugar). Solo con esto ya parece que va a revolucionar totalmente la lectura del correo electrónico, pero había algo más que la hacía especial. Una vez descargada no permitía usarla directamente, sino que comenzaba una cuenta atrás. Esto, según la propia compañía, respondía a la masiva solicitud de descargas: "La demanda ha sido increíble y para poder dar una buena experiencia estamos funcionando con un sistema de reservas", explican en su página web.
A partir de ahí comenzaba una interminable cuenta atrás desde... ¡¡¡700.000 personas!!!! que se venía reflejada en la pantalla de mi móvil. Mis ganas de probar la aplicación y descubrir la revolución que significaba para mi correo electrónico y para mi vida crecían a medida que la cuenta atrás bajaba poco a poco.
Una semana fue el tiempo que tuve que estar mirando la pantalla de mi móvil mientras la cifra decrecía de una forma que parecía ser eterna. Cuando tan solo quedaban 5.000 por delante de mi, me sentí un privilegiado. ¡Estaba a punto de probar algo único y por detrás de mi quedaban todavía 400.000 personas que iban a tardar más que yo en entrar en la élite!
Al final, la cuenta atrás terminó, y Mailbox se abrió ante mis ojos como un nuevo cliente de correo electrónico que prometía revolucionar mi vida entera. Ahí es cuando entra en juego el título de mi post: prometía demasiado y al final se queda en una aplicación más.
Mailbox ha terminado donde terminan las aplicaciones que no uso: borrada. Solamente ha servido para entretenerme durante una semana mirando en la pantalla una inútil cuenta atrás.
viernes, 15 de febrero de 2013
Ellos te dicen qué comprar
Y tú que creías que eras libre para comprar cuando quisieras y lo que quisieras... No sabes lo equivocado que estabas. Creías que tenías que comprarte un teléfono nuevo, cuando en realidad, Apple te estaba obligando a comprar un iPhone. Creías que tu televisión estaba vieja cuando en realidad, Samsung te estaba contando que debías comprarte una SmartTV. Creías que ya no podías leer libros de papel, cuando Amazon te vendía su Kindle.
El mundo de la tecnología funciona, como tantos otros, por modas. Miles de ejemplos demuestran que la sociedad te convence de que realmente necesitas algo de lo que, en realidad, puedes prescindir totalmente.
Hubo una época en la que todo el mundo se instalaba en su casa, junto a la tele, un home cinema. ¿Realmente le dieron el uso que merecía? O la moda en la que todo el mundo se instalaba una antena parabólica en casa (cuando en España solo existían dos canales), para ver teles internacionales, ¡pero no sabíamos inglés!
Esta moda se puede trasladar también a la actualidad, con todos aquellos que se compran un smartphone con el único objetivo de llamar y recibir llamadas o con el elevado número de cámaras reflex que se venden hoy en día: ¿realmente tanto sabe la gente de fotografía?
En el fondo, todos compramos lo que nos dicen las multinacionales que compremos. Y esas empresas que nos lo dicen, también funcionan por las mismas modas: una de ellas decide que lo próximo va a ser un calcetín con 3G y todas las demás se lanzan a fabricar medias.
Ahora parece que le toca el turno a los relojes. Alguien ha visto que ya no consultábamos la hora en la muñeca, sino que sacábamos el móvil del bolsillo para hacerlo, y ha decidido que cambiemos todos de hábitos mediante un reloj que, por supuesto, está conectado a Internet. Y ahí van todos los demás, a fabricar el mismo dispositivo pero, y nunca mejor dicho, con distinta pulsera.
Y, ¿sabéis qué es lo peor? Que acabaremos todos comprándolo.
El mundo de la tecnología funciona, como tantos otros, por modas. Miles de ejemplos demuestran que la sociedad te convence de que realmente necesitas algo de lo que, en realidad, puedes prescindir totalmente.
Hubo una época en la que todo el mundo se instalaba en su casa, junto a la tele, un home cinema. ¿Realmente le dieron el uso que merecía? O la moda en la que todo el mundo se instalaba una antena parabólica en casa (cuando en España solo existían dos canales), para ver teles internacionales, ¡pero no sabíamos inglés!
Esta moda se puede trasladar también a la actualidad, con todos aquellos que se compran un smartphone con el único objetivo de llamar y recibir llamadas o con el elevado número de cámaras reflex que se venden hoy en día: ¿realmente tanto sabe la gente de fotografía?
En el fondo, todos compramos lo que nos dicen las multinacionales que compremos. Y esas empresas que nos lo dicen, también funcionan por las mismas modas: una de ellas decide que lo próximo va a ser un calcetín con 3G y todas las demás se lanzan a fabricar medias.
Ahora parece que le toca el turno a los relojes. Alguien ha visto que ya no consultábamos la hora en la muñeca, sino que sacábamos el móvil del bolsillo para hacerlo, y ha decidido que cambiemos todos de hábitos mediante un reloj que, por supuesto, está conectado a Internet. Y ahí van todos los demás, a fabricar el mismo dispositivo pero, y nunca mejor dicho, con distinta pulsera.
Y, ¿sabéis qué es lo peor? Que acabaremos todos comprándolo.
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